Al atardecer del martes, 26 de diciembre de 1905, cuando en las calles de Viena el modernismo burbujeaba de actividad, y el emperador Francisco José I aún lloraba la pérdida de la emperatriz Elisabetta Aurelia Eugenia de Wittelsbach, más conocida por Sissi, asesinada 7 años atrás, cuatro de los más importantes jóvenes investigadores de toda Europa se reunieron en torno a una mesa para compartir unos típicos Wiener Schnitzel y unas generosas jarras de cerveza.

Sus nombres, ya para siempre ligados a la Historia de Europa: Franz Ferdinand Lettermann (alemán), Pieter Schenk (holandés), Adolph Bühren (austriaco) y Hans Dieter Mahollern (suizo). El lugar de reunión, eternamente inmortalizado, el famoso Zum roten Hahn (el Gallo Rojo). Su clarividente propósito: fundar y aprobar los estatutos de la Real e Imperial Sociedad Filantrópica Mercantil 4 Gatos, en alemán la Kaiserliche und Königliche Philanthropische Kaufmännische Gesellschaft 4 Kater.

Ese fue el humilde inicio de una larga y fructífera existencia, no exenta de complicaciones e incomprensión por parte de una sociedad que no llegó a entender la enorme importancia que para la vida cultural europea tuvo la fundación de 4 Gatos.