Aunque las circunstancias de la Segunda Guerra Mundial ya habían sido vaticinadas por Georg Falkensteiner (de la sexta generación de 4 Gatos) gracias a sus minuciosos estudios del llamado Códice Berniano, ningún gobierno europeo quiso escuchar sus conclusiones, lo que condujo directamente al desastre bélico

La "nueva" 4 Gatos, instalada ya en España, pronto dejó renovadas muestras de su bienhacer y experimentó un nuevo impulso hacia el conocimiento cierto de los entresijos de la Historia.

Con una sabia mezcla de quieta veteranía y ansiosa juventud, los sucesivos miembros de 4 Gatos consiguieron conservar por completo el bien ganado prestigio de sus primeros años. Martín Villarreal, Alonso Pernigordo, Benito Molano y Felipe Pinto fueron los artífices de la pacífica transición. Entre sus descubrimientos, que ocuparían páginas enteras, podemos destacar los siguientes:

Hallazgo de la primera obra impresa en el mundo. Este libro, un completo tratado de agricultura en latín y árabe, titulada Fructus Terrae, fue fechado sin error posible en 1230, de acuerdo con la inscripción en el colofón del libro. Es decir, unos 200 años antes del surgimiento oficial de la imprenta de Gutenberg. La obra fue impresa en Jaén, en el taller de la familia Gutiérrez. Esta familia, que posteriormente hubo de emigrar a Alemania (algo normal en toda la historia de España), vio cómo su marcial apellido castellano se corrompía, terminando por convertirse en Gutenberg. (Gutiérrez --> Gutenberg)

Re-descubrimiento de la conocida como la "Expedición perdida de Anacleto de Lanzagorta", que en 1689 partió desde la Tierra de Fuego, en el extremo meridional de América, para internarse en la fría Antártida con una compañía de arcabuceros y doscientos caballos. Su secreta misión era encontrar un paso que atravesara el continente antártico y acortara sensiblemente el viaje entre América y Australia (aunque, como ya sabemos, es posible que Australia no exista). Los detalles de este viaje, un secreto de estado en el Imperio Hispánico de Carlos II y posteriormente caído en el olvido, fueron revelados en 1967, gracias al descubrimiento en el Museo Arqueológico Nacional del diario del propio Anacleto de Lanzagorta, la única persona que pudo regresar a España diez años después y contar el éxito de la misión.